Últimas pinceladas desde Río

Como el día solo tiene 24 horas y las jornadas en Río son maratonianas, apenas queda tiempo para digerir impresiones, eventos o mensajes y trasladarlos a unas líneas en el papel.

Al ser miembro, para esta ocasión, del grupo Farmers, que incluye a granjeros y pescadores artesanales en NNUU, he tenido la oportunidad de hablar en una mesa redonda ante 40 altos mandatarios, dos premios nobel y alta secretaría de ONU, entre otros, sobre pesca artesanal. Ni soñando imaginé que esta situación pudiera darse ni en dos vidas que tuviera.

Con tres o cuatro excepciones, casi todos los países que estuvieron presentes tienen mar y algunos otros, grandes ríos y lagunas. También en ese sentido he tenido mucha suerte, porque, en definitiva, la mayoría sabía de lo que estaba hablando.

Afortunadamente todo transcurrió bien y hemos podido instalar en las mentes de algunos de estos ministros y jefes de estado, o al menos eso espero, la problemática de la pesca artesanal a nivel global y la importancia de defender y atender a este sistema productivo por su contribución a la sostenibilidad en todos sus pilares. De hecho, la presidenta de Costa Rica, que actuaba como moderadora, citó la práctica que defendemos entre sus cuatro conclusiones: cambio climático, pesca artesanal, océanos e inclusión de la sociedad civil en los Objetivos de la Sostenibilidad.

De sus conclusiones me llamaron la atención importantes ausencias, como la de los pueblos indígenas que, por cierto, llevan varios días en ambas cumbres (la de los Pueblos y la de Río+20) manifestándose públicamente por la indiferencia de los Estados, entre ellos el brasileño, ante la presión que están ejerciendo sobre ellos las diferentes industrias de la foresta, especialmente la maderera.

Me habría gustado relatar otra visión más positiva de esta Cumbre. Siempre se puede hacer una lectura en positivo y tendré que hacerla. No tengo opciones. Pero hoy prefiero destacar este resultado tan poco esperanzador porque nos muestra la verdadera dimensión de las relaciones internacionales entre Estados, en donde se supeditan las urgencias de lo humano al poder de lo económico.

Pocos están dispuestos a apostar por un tránsito más claro y decidido hacia otros modelos de desarrollo. Creí que en esta Cumbre las autoridades mundiales vendrían con el corazón más receptivo a problemas tan urgentes, creí que sería la ocasión para una Declaración más responsable. Esta, desde luego, ¡¡¡es irresponsable a todas luces‼! Estoy profundamente decepcionado. Los mandatarios solo apuestan por un mundo continuista. No es que no oigan los lamentos de la Tierra y sus gentes, es que solo se oyen a ellos mismos. El mundo seguirá a partir de ahora, y quizá por muchos años más, en la misma línea que hasta hoy. No habrá sobresaltos, más de los que la rutina nos proporciona. Los ciudadanos de a pie que viven con indignación resignada sus dramáticas realidades locales y nacionales no van a recibir ninguna buena noticia en un tiempo

Reconozco en cambio que ha habido países que han defendido un acuerdo más ambicioso. La Unión Europea ha llevado unas propuestas más avanzadas que Estados Unidos, Japón o que cualquiera de los países con economías emergentes. Sé también que  otros países, sobre todo pequeños, han apostado por apoyar y defender propuestas de máximos. Sé que no estamos solos y que a algunos mandatarios les mueve realmente la búsqueda y aplicación de soluciones a los problemas globales desde políticas sostenibles reales, pero, desafortunadamente, el mundo en que vivimos se rige por otros principios e intereses en donde lo pequeño es ignorado. ¡¡¡Ya sabemos qué intereses guiaron los acuerdos de esta Cumbre!!! Entiendo lo difícil que es ponerse de acuerdo. Siempre parten de lo diferentes que son unos y otros. Si cambiasen de frecuencia y partiesen de lo que tenemos en común, incluidos los problemas, los resultados de la Cumbre serían otros.

Ya han “tirado los dados sobre la mesa”, han salido números bajos y el viernes 22 de junio, a las tres de la tarde, se firmó la Declaración en el Plenario. El juego ha terminado y, ahora, cada mochuelo a su madriguera. La sociedad civil también.

También es claro que tenemos que seguir trabajando con mucha más determinación y en la misma dirección que hasta ahora, pero ya no contra “molinos de viento” sino contra aquellas actitudes e intereses que deshumanizan, degradan, agotan, ignoran, privan, esclavizan, robotizan, eliminan,… La esperanza de que un día los seres humanos recuperen su humanidad perdida. Es de sentido común.

Antonio García Allut, presidente de Fundación Lonxanet.
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Acerca de fundacionlonxanet

"Un mar y un mundo sostenibles todavía son posibles si trabajamos muy estrechamente con los pescadores artesanales en aras de su sostenibilidad social, económica y ambiental"
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