¡No mires a otro lado! Se cierra la ventana de la sostenibilidad

Los vientos contaminados de la crisis financiera han cerrado otra ventana, una que nos mostraba un paisaje más deseable, equitativo y sostenible. Cada vez se estilan menos la reflexión y la visión de un mundo más justo.

Es abrumadora la montaña de datos y evidencias de que nuestro modelo de desarrollo es insostenible, no solo desde el punto de vista ambiental, sino social e incluso económico. Con la obsesión financiera, el cortoplacismo -y la codicia- rozan ya la caricatura; las decisiones no se toman siquiera para perdurar un año, sino para rendir ganancias en cuestión de días o de horas, sin importar su coste social o ambiental. Nos falta una dirección… ¿A dónde vamos?

Aunque nadie sabe cabalmente qué es el desarrollo sostenible, sí estamos seguros de que el actual modelo no lo es y que, por tanto, deberíamos movernos hacia la sostenibilidad. Así debemos entender este elusivo concepto: no es tanto el objetivo lo que importa, sino andar el camino para acercarnos al mismo.

Pero este tránsito exige decidir, primero ¿a dónde queremos ir? -digamos que el desarrollo sostenible es una opción deseable- e inmediatamente necesitamos saber ¿dónde estamos ahora? Y medirlo con cierta regularidad, pues solo entonces podremos valorar si nos movemos en la dirección correcta.

Para este “saber dónde estamos” y “en qué dirección nos movemos” se requiere un sistema de seguimiento, reducir la realidad social, ambiental y económica, a una serie de indicadores que podamos entender y seguir. Este era hasta hoy -31 de mayo de 2013- el objetivo del Observatorio de la Sostenibilidad de España (OSE), establecido en 2005 entre el entonces Ministerio de Medio Ambiente, la Fundación Biodiversidad y la Fundación General de la Universidad de Alcalá como un organismo independiente que tiene como objetivo estimular el cambio hacia la Sostenibilidad, proporcionando a la sociedad información relevante y fidedigna al respecto”. Desde entonces, a lo largo de ocho años el OSE nos ha ofrecido un impresionante acervo de datos, indicadores e índices bien tratados y mejor presentados, que permitían una visión integrada y multidimensional de nuestro desarrollo.

Motivo de cierto orgullo, el OSE se convirtió en un centro de referencia indiscutible en este ámbito, ejemplar a nivel nacional, con importante proyección en el ámbito europeo y latinoamericano, y un notable reconocimiento social, científico y mediático. Mérito hay que darle a Cristina Narbona que lo impulsó con visión poco frecuente entre los políticos, a Luis Jiménez Herrero que, remando contra la corriente dominante, lo dirigió durante ocho años, y a un dedicado equipo técnico; la mayoría de los cuales pasarán a partir de hoy a formar parte de las listas del paro o de la emigración.

Los datos y reflexiones del OSE siempre han sido públicos y disponibles; quizás faltó seleccionar los indicadores más significativos y llevarlos periódicamente a los medios de masas, de la misma forma que se publican otros que todo el mundo conoce, como el Euribor, la prima de riesgo, o los puntos que lleva nuestro equipo en la liga de fútbol. Un observatorio debe informar a la sociedad y hacer reaccionar a los políticos; esto faltó, y no fue culpa del OSE, desde luego; recuerdo que su primer informe de 2005 ya destacaba que España consumía más cemento que Francia, Reino Unido y Alemania juntos, pero nadie tomó decisiones respecto a la especulación y a la orgía de crédito barato para la construcción, lo que nos hubiera ahorrado muchos sufrimientos ahora.

Aunque posiblemente nadie quiere que se destruya la naturaleza, estamos inmersos en la permanente improvisación. En esto los políticos no son una excepción, con sus programas a cuatro años donde el deterioro ambiental recibe la mínima relevancia. En términos ambientales, vamos en un barco sin rumbo. Necesitamos al menos tres anclajes: saber dónde estamos -parece de Perogrullo pero no lo saben ni en el Congreso de los Diputados-, saber a dónde queremos ir -algo de lo que tampoco escucharemos hablar a nuestros representantes- y por último, saber en qué dirección nos estamos moviendo. Para eso servía el OSE. Ya decía Antonio Machado “…no hay camino, se hace camino al andar”.  Hoy se cierra esa ventana que muestra el camino, y sentimos el aire más rancio y la habitación más oscura.

Arturo López Ornat, colaborador de Fundación Lonxanet
Anuncios

Acerca de fundacionlonxanet

"Un mar y un mundo sostenibles todavía son posibles si trabajamos muy estrechamente con los pescadores artesanales en aras de su sostenibilidad social, económica y ambiental"
Esta entrada fue publicada en Mensajes. Guarda el enlace permanente.